Os voi a contar una historia, que se titula el loco de la patada...
Esta historia nace en los suburbios de chile, al borde de un vertedero, en un barrio chabolista llamado la Fin del Mundo, en este barrio, hugo, un pequeñin rebuscaba entre el basurero en busca de algo util para cenar, fué una velada productiva, encontró cáscaras de huevo, huesos de jamón, unos mocasines que se puso al instante e incluso un pedazo de tarta.
Todo trancurría normalmente en la Fin del Mundo, pro cuando despertaron se llevaron una triste sorpresa. La vecina de Hugo había muerto. Presentaba un agujero en el metón, y este, le había afixiado al situarse en la tráquea por la potencia de un golpe recibido. Esto, junto a la hemorragia, supuso la muerte de la anciana vecina, todos estaban horrorizados, pero no acabó ahí. Cada noche, sin ningún tipo de relación entre víctimas, moría gente de la misma manera, unas veces hombres, otras mujeres, otras en la punta oeste del barrio, otra en el este... parecía que el asesino mataba por matar... Un simple análisis policial descubrió que el golpe recibido era siempre una patada, así que se llamó al asesino loco de la patada.
Todo cambió al cabo de dos semanas, cuando hubo el primer testigo. Lo que este dijo, aseguraron los policías, se debía a un estado de shock, era totalmente imposible. Imposible que fueran unos pies, calzando mocasines y sin ninguna persona encima los culpables de la masacre. Imposible, se repetían, porque los mocasines, atestiguaban, eran los de Hugo, que encontró en el vertedero. Imposible que el muchacho tuviera la fuerza suficiente para llegar al mentón de una persona dulta, ni siquiera alcanzaba a pegarles en el pecho. Y aun así, se lo llevaron a declarar, porque según el testigo, eran sus mocasines (los chabolistas no tenían dinero para comprar calzado) y según la abuela de Hugo, dormía con ellos para no congelarse los pies. Desafiando su lógica, s declaró culpable y lo encerraron preventivamente hasta que fuera juzgado. Pero aún no había acabado.
Aquella noche, murieron tres policías de la comisaría, con un agujero en el mentón.
El comisario, aterrado, dio una orden y aquella noche, todos los policías guardaron la celda de Hugo. Y vieron. Vieron como sus pies se desprendían de su dueño y corrían a una velocidad de vertigo, pasando entre los barrotes y huyendo de los guardias, llavandose sus pies consigo. Todos decidieron no revelar jamás lo ocurrido. Organizaron una colecta y compraron unas protesis a Hugo, que ahora puede andar. También pusieron un kiosko en la Fin del Mundo, llevado por Hugo y su abuela y todos los meses les daban mercancía gratis hasta que Hugo tuvo edad para encarse de él. En cuanto a los pies fantasma, siguieron su rastro hasta un rio y lo perdieron. Nadie sabe donde estan. Puede que en Australia. Puede que en Mexico. O puede que sean esos pasos que oyes a tus espaldas.

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